En mitad del bullicio, un espacio en calma.
En una de las calles más vivas de Murcia, Profusa se esconde como un susurro de diseño esencial.
La reforma de este showroom no busca impresionar, sino invitar. A detenerse. A mirar. A sentir.
En mitad del bullicio, un espacio en calma.
En una de las calles más vivas de Murcia, Profusa se esconde como un susurro de diseño esencial.
La reforma de este showroom no busca impresionar, sino invitar. A detenerse. A mirar. A sentir.

Cuando comenzamos a trabajar en este proyecto, entendimos que Profusa no necesitaba solo un espacio atractivo; necesitaba un entorno que reflejara su identidad, que potenciara sus valores y, sobre todo, que resolviera los retos diarios de un showroom en pleno centro urbano.
Un showroom donde lo importante era emular la serenidad y la calma de las viviendas que venden. Donde lo comercial y lo residencial se fusionaran de una forma natural.




Al avanzar, el showroom se despliega como un recorrido por la serenidad. Un muro de luz, discreto pero imponente, guía el camino entre plantas, conectando los espacios con una claridad que no se ve, se siente.



La manera de habitar este espacio gira en torno a la experiencia.
La sala de espera se convierte en salón. Las estanterías, llenas de libros, no decoran: inspiran. Entre sus páginas viven arquitecturas que dejaron huella.
En el centro, una gran mesa roja funciona como punto de encuentro. Como una isla de cocina donde las conversaciones se dan sin prisa, entre gestos cotidianos.
Aquí, el espacio comercial se reinterpreta.
Las reuniones se parecen más a charlas. Las ideas fluyen con la misma naturalidad con la que la luz atraviesa los ventanales y se mezcla con el ritmo de la ciudad.




Una oficina puede acoger. Una vivienda puede inspirar. Todo depende de cómo se diseñe.
Aunque se trate de espacios de trabajo, aquí nada es rígido ni impersonal.
Las salas de reuniones, los box cerrados o las zonas de dirección están diseñadas con la misma lógica que el resto del proyecto: luz cálida, materiales nobles y una atmósfera serena que favorece la concentración y el intercambio.
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Porque trabajar también es una forma de estar.
Y estar bien, empieza por el espacio.









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