Cola para entrar a Casa Borgoña en Open House Murcia

Abrir puertas también es construir

Lo que nos llevamos de Open House Murcia 2025

 

A veces, los premios no llegan solo por construir.
También llegan por abrir.
Y este, el que recibimos el pasado jueves en la gala de clausura de Open House Murcia, nos toca especialmente el corazón.

Porque no solo reconoce una obra, sino una forma de entender la arquitectura: como algo que se comparte, que se muestra, que se vive.

remio Open House Murcia 2025 entregado a Srta. Rottenmeier
Equipo Srta. Rottenmeier recogiendo el premio Open House Murcia en el escenario

Un reconocimiento con doble significado

Open House Murcia no es una cita más en el calendario.
Es un proyecto al que le pusimos alma desde el principio.

Hace unos años, cuando soñábamos con traer a Murcia este festival internacional, éramos solo nosotros cuatro —José Manuel, Belén, Alejandro y yo, Gemma—, compartiendo ganas, ideas y una admiración común por la arquitectura abierta, accesible y viva.

Ver ahora cómo se ha transformado en una red de edificios, recorridos, voluntarios, colas en la calle y conversación urbana, nos emociona más de lo que esperábamos.
Y recibir un premio de ese mismo festival que ayudamos a fundar es cerrar un ciclo.
O quizá abrir uno nuevo.

Gemma guiando la visita en Casa Borgoña con entusiasmo
Cola para entrar a Casa Borgoña en Open House Murcia

Casa Borgoña: cuando un obra se convierte en historia compartida

Este año, una de nuestras obras fue seleccionada por el comité para ser parte del recorrido: Casa Borgoña.
Y eso ya era un honor.

Pero lo que ocurrió ese fin de semana superó cualquier expectativa:
una casa llena, colas en la calle, visitantes atentos, preguntas, emoción, pequeños silencios.
Gente mirando detalles. Gente sintiendo el espacio.

Y lo más importante: unos clientes felices, orgullosos de su casa, que abrieron generosamente su intimidad para que otros pudieran vivirla también, aunque fuera por un rato.
Eso no es habitual. Eso no se exige.
Eso solo ocurre cuando detrás de un proyecto hay confianza, respeto mutuo… y amor por lo que se ha creado juntos.

Detalle sensorial: rincón de salón de Casa Borgoña
Visitantes recorriendo Casa Borgoña durante Open House Murcia 2025

Lo que no se ve en los planos

Hay algo que no se dibuja en planta, ni aparece en los renders:
la relación entre las personas y el espacio.

Ver a una vecina subir a ver cómo vive del vecino, a un estudiante preguntando por materiales,  a un constructor alucinando con las terminaciones, a una pareja hablando en voz baja porque están inspirándose para su futuro proyecto, o a unos curiosos abriendo el frigorífico para cercionarse de que dentro hay comida, y que esa casa que da tanta paz no solo es de revista…
Todo eso también es arquitectura.

Y abrir una casa al público no es un acto trivial.
Es permitir que lo íntimo se convierta, por un momento, en algo común.
Y que el hogar se transforme en cultura compartida.

Detalle sensorial: visitante explorando materiales en Casa Borgoña
Casa Borgoña vivida por el público durante Open House

Gracias por abrir con nosotros

Gracias a quienes hacen posible que algo así ocurra:
al comité de selección, a los voluntarios, a los visitantes curiosos, a quienes vinieron sin conocer la historia, y salieron con ganas de saber más.

Y, sobre todo, gracias a los propietarios de Casa Borgoña:
por confiar en nosotros, por vivir su casa con tanto amor, y por abrirla con tanta generosidad.

Porque una ciudad abierta es una ciudad más viva, más humana.
Y ese fin de semana, Murcia lo fue.


Nos gusta pensar que, ese día, la ciudad fue un poco más nuestra.
Y nosotros, un poco más de ella.

Gemma guiando la visita en Casa Borgoña con entusiasmo
Gemma guiando la visita en Casa Borgoña con entusiasmo
José Manuel y Gema emocionados durante la gala Open House Murcia

Oficinas que cuidan

Espacios de trabajo donde apetece quedarse.

 

En estas últimas semanas hemos vuelto a hacer fotos a alguno de los espacios de trabajo que hemos diseñado en este último año.
Y al final, sin darnos cuenta, nos hemos quedado.

 

Unas veces trabajando con nuestro portátil, aprovechando la luz de una mesa bien orientada.
Otras, sentados en una zona de espera viendo pasar las horas del día.
También, claro, ordenando y limpiando, cuidando los detalles para que todo saliera bonito en las imágenes.

 

Y lo que nos llevamos de esa experiencia no son solo las fotos, sino algo más difícil de explicar:
la sensación de estar bien en un lugar que también hemos vivido desde dentro.

 

No solo lo proyectamos. No solo lo construimos.
También lo habitamos, aunque fuera por un día. Y eso nos ha hecho entenderlo mejor.

Mesa roja con lámpara de papel tubular en showroom Profusa, interior cálido y transparente
Bancos corridos tapizados sobre plataforma de madera, con box de trabajo abiertos de fondo.

La buena arquitectura se siente

Creemos que hay espacios que te atrapan sin que sepas exactamente por qué.
Porque la buena arquitectura no siempre se explica.
Se siente.

Y cuando una persona vive rodeada de diseño, aunque no lo nombre, su forma de mirar cambia.
Por eso creemos en proyectos como el colegio Maristas Cartagena, donde desde pequeños se aprende a reconocer lo bello, lo cuidado, lo que está bien hecho.

Un hogar, aunque vengas solo a preguntar

También creemos que cuando vas a una empresa a comprar una casa, como en Profusa, tiene sentido que esa primera impresión ya te hable de hogar.


Que la luz filtrada por una lámpara de papel, una estantería llena de libros, un sofá mullido, un textil bien elegido… te digan sin palabras que allí también se construye bienestar.

Pasillo con panelados de madera a un lado y lamas metálicas curvas iluminadas al fondo.
Vista parcial del showroom Profusa con columna de madera y mesa roja al fondo

Esta es mi casa

O como en Nostrumsimul, donde su CEO nos decía a menudo:

“Esta es mi casa.”

 

Un family office que quería algo más que funcionalidad: buscaba identidad.
Y la encontró en los materiales nobles, en el silencio, en las vistas desde la terraza, en los gestos pequeños.
Allí, día tras día, sus trabajadores viven algo que quizá no tienen en casa, pero que ahora saben reconocer, sentir, valorar.

 

Eso es arquitectura también.
Educar el ojo. Afinar la sensibilidad.
Y sobre todo, mejorar la vida sin que haga falta decirlo en voz alta.

Diseñar para quedarse

No hace falta mucho. Solo hace falta querer hacerlo bien.
Pensar en la gente. En lo que se ve y en lo que no. En la luz, en el silencio, en cómo se quiere sentir quien entra.

Y entonces ocurre:
Una oficina deja de ser solo una oficina.
Y se convierte en un lugar al que apetece volver.

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